Capítulo tercero (Parte XII)

>> lunes 1 de noviembre de 2010

En algún lugar de Iraq, 1991

La oscuridad lo cubría todo, aunque no eran más de las doce del mediodía. La noche parecía haberse adelantado en un vano intento por terminar la masacre que desde hacía días tenía lugar en aquella pequeña ciudad vuelta infierno. Densas nubes de humo negro cubrían el cielo, impidiendo que el sol se abriera paso entre ellas y alcanzara el suelo. De vez en cuando, un repentino fogonazo iluminaba alguna parte de la ciudad y un gran estruendo hacía estallar los cristales de los edificios colindantes. Otras veces eran gritos los que rompían el silencio, durante un par de segundos, antes de ser acallados por las balas.

La atmósfera era asfixiante, olía a muerte y a polvora y a sangre. Christopher tosió y palpó en su costado, buscando su cantimplora instintivamente, hasta que recordó que la había dejado atrás, junto al resto de sus cosas, al huír de la última explosión. Una estupidez por su parte, ya que el agua en aquel lugar era tan importante como escasa. El calor del desierto se había incrementado a causa de los inumerables fuegos que cubrían la zona y tanto él como su amaroq se estaban deshidratando rápidamente. Los 48ºC a los que se encontraban eran una tortura para cualquiera pero, estando acostumbrados a temperaturas bajo cero, especialmente para ellos.

El chico reaccionó al sentir un pequeño golpe en el costado, y momentáneamente apartó la vista de la mira de su M4A1 para fijarla en su compañero. El animal hizo amago de levantarse pero el joven le detuvo con un gesto de su mano.

- Espera... -susurró en un tono tan bajo que para el oído humano no habría sido más que un siseo.

El lobo volvió a agazaparse hasta que su vientre tocó el suelo, pero mantuvo las patas traseras en tensión, preparado para saltar en el momento que recibiera la orden.

Christopher aprovechó para mirar a su alrededor en busca de agua: alguna cantimplora perdida, una botella, una lata de refresco, cerveza... cualquier cosa que pudiera aportarles algo de líquido, pero desde donde se encontraba no podía ver más que escombros, cadáveres y vehículos destrozados.

Miró el reloj y suspiró al comprobar que aún quedaban varias horas para que anocheciera; la actividad siempre disminuía por la noche, incluso los terroristas necesitaban dormir... Esa era la razón por la que había insistido en llevar a cabo la operación más tarde, pero como era habitual, su superior no le había hecho caso; él llevaba sólo unos días allí pero el resto del equipo había llegado hacía semanas y querían acabar con aquello de una vez por todas- y al fin y al cabo, ¿quién iba a seguir los consejos de un chico de apenas veinte años, por muy "especial" que fuera?-.

La misión era sencilla: localizar, informar y neutralizar al enemigo. Sin embargo, nadie hasta aquel momento había podido cumplirla con éxito, y por eso estaba allí él: necesitaban sus "cualidades extra". Christopher sabía que la misión era prácticamente suicida, o lo sería para cualquier humano normal. Sin embargo, ese no era su caso. Aún así no podía permitirse bajar la guardia; a pesar de todo, seguía siendo mortal, y debía velar tanto por su seguridad como por la de su amaroq.

El muchacho volvió la vista al frente y se ayudó de la mira telescópica de su carabina para intentar localizar algo útil entre las ruinas. Su visión sin el arma era, ya de por sí, dos veces mejor que la de cualquier otro humano, especialmente en la oscuridad; con ella podía captar el más leve movimiento a una distancia que sería impensable para cualquier otra persona. En lugares como aquel, donde los insectos abundaban, aquella ventaja se convertía a menudo en incordio- el simple movimiento de un escarabajo a diez metros podía distraerle- pero la mayor parte del tiempo resultaba muy útil.

- Te encontré... -murmuró, sonriendo para sí cuando una botella de plástico, parcialmente sepultada bajo arena y piedras, se cruzó en su campo de visión. Aún conservaba un tercio de su contenido. No era mucho, desde luego no lo suficiente, pero era mejor que nada y valía la pena arriesgarse para conseguirla, puesto que no sabía cuándo volvería a encontrar algo para beber.

Apartó la mano izquierda del arma el tiempo justo para limpiarse un reguero de sangre que avanzaba hacia uno de sus ojos y justo entonces advirtió movimiento entre unos escombros situados unos metros por delante. El amaroq se movió un poco, emitiendo un leve gruñido que indicaba que también lo había visto, pero permaneció en su posición. Casi a la vez, el walkie del chico emitió su característico zumbido y una voz rompió el silencio.

Christopher se sobresaltó y apagó el aparato inmediatamente para evitar revelar su posición al enemigo, y con la misma velocidad volvió a sujetar el arma e intentar localizar el origen del movimiento a través de la mira. Movió el arma manteniéndose a cubierto tras la improvisada trinchera de vigas de metal en la que se encontraban y entonces dio con él.
Se trataba de un hombre de unos cuarenta años de edad y vestía el uniforme de combate del ejército estadounidense- o lo que le quedaba de él- lo cual relajó al muchacho; seguramente era uno de los suyos. No obstante, su instinto le previno en su contra e ignoró el impulso de llamar su atención, limitándose a observarle en silencio. El hombre llevaba los pantalones rotos a la altura de las rodillas y éstas llenas de sangre. Su camisola estaba hecha un guiñapo y sólo quedaba visible uno de los distintivos de las mangas. Pero lo más destacado era que no llevaba calzado y a pesar de eso caminaba como si no sintiera el dolor de los escombros que se clavaban en sus pies.

El joven le examinó de arriba a abajo y confirmó que no iba armado, aún así permaneció escondido y le mantuvo en su punto de mira.
El soldado caminaba entre los cristales rotos, pasaba por encima de hierros y muros derruídos como quien camina sobre el cesped. Podía oírle gemir y quejarse por el dolor pero no parecía intentar buscar un camino con menos obstáculos. En un momento dado se agazapó y pareció olisquear el suelo, luego irguió la espalda sin levantarse y olfateó el aire

- ¿Qué demonios...?- Christopher tuvo que dejar la frase a medias porque en cuanto pronunció la segunda palabra, el hombre miró en su dirección.

"No es posible que me oiga desde esa distancia" pensó mientras se escondía. "Y tampoco que me vea..."

Y sin embargo, el hombre caminaba directamente hacia ellos.

"Maldita sea..."

Se mantuvo en su posición hasta que el hombre estuvo a unos cinco metros y el encuentro pareció inminente. Entonces Christopher se levantó lo justo para descubrir su presencia al otro soldado y le apuntó con el arma.

- Quieto, no se mueva señor.

La reacción del desconocido fue la última que Christopher podía esperarse. El hombre flexionó las rodillas levemente, sin romper el contacto visual, y mostró los dientes mientras gruñía de forma totalmente animal. Christopher le observó perplejo, sin saber cómo responder a aquello, pero entonces su amaroq se asomó para observar al extraño y éste, al verlo, se lanzó corriendo contra el lobo con un rugido.

Todo pasó tan rápido que el muchacho no pudo hacer nada. En un momento el desconocido saltó sobre el amaroq y mordió su cuello. El animal, al no esperarse el ataque, tardó unos segundos en reaccionar, pero cuando sintió los dientes cerrándose sobre su piel se revolvió y clavó los suyos en la pierna del hombre. Él gimió de dolor e intentó apartarse pero el lobo actuó por instinto y le sacudió con tanta fuerza que el hombre golpeó el suelo repetidamente como si se tratara de un muñeco de plástico, y no paró hasta que dejó de moverse.

- ¿Qué... pero qué...?- murmuró Christopher medio en shock, con la respiración acelerada, mientras contemplaba el cuerpo sin vida del hombre, totalmente destrozado por los golpes. Luego pasó la mirada al amaroq, quien se la devolvió con un gemido mientras se lamía el hocico lleno de sangre.


Nueva York, en la actualidad

Christopher se despertó sobresaltado al oír un golpe sordo cerca de él. Abrió los ojos y miró a su alrededor desorientado hasta que recordó que seguía en un almacen abandonado en un barrio de la ciudad de Nueva York.

- ¿Una pesadilla?

El hombre siguió la voz y se encontró con Calliope y lo que le había despertado: la maleta que la mujer había dejado caer al suelo. Se estiró con un gruñido de fastidio mientras volvía a apoyar la cabeza contra la pared.

- Peor... un recuerdo- murmuró para sí mientras cerraba los ojos de nuevo.

Toda aquella mierda estaba abriendo viejas heridas que ya creía sanadas. Fantasmas del pasado que no quería que le alcanzaran en el presente...
... a ninguno de los dos.

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Y el ganador es...

>> lunes 18 de octubre de 2010

La semana pasada realicé un concurso con motivo de la inauguración de la nueva web de Lykaon. El premio: un juego de Los Hombres Lobo de Castronegro, cedido por la empresa Asmodee.
El plazo para participar terminó ayer domingo y en total ha habido 12 participantes entre lectores de España, Colombia y México.
Acabo de realizar el sorteo a través de un programa online de generación de elecciones aleatorias (Random Choice) y ya puedo anunciar el resultado.

Y el ganador es...

¡¡ Willy230104 !!



¡Enhorabuena! En breve me pondré en contacto contigo para que me des tus datos y poder enviarte el juego.

Y a los que no habéis ganado, muchísimas gracias por participar de todas formas y muchas gracias por seguir mi obra. Más adelante realizaré nuevos concursos así que no os desaniméis, quizás la próxima vez ganéis vosotros :)

¡Un saludo!

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¡Inaugurada la web oficial de "Lykaon. Memorias de una mujer lobo"!

>> jueves 7 de octubre de 2010


Hace unos días avisé de que esta semana inauguraría la web de "Lykaon".
¡Pues bien, HOY es el día!

Queda oficialmente inaugurada la web de "Lykaon. Memorias de una mujer lobo" :D

Podéis encontrarla en:

www.memoriasdeunamujerlobo.com


¡Espero que os guste!

Pero eso no es todo. Para celebrar la inauguración de la web, voy a sortear otro juego de "Los Hombres Lobo de Castronegro", ofrecido por la empresa Asmodee.

Lo único que tenéis que hacer para participar en el sorteo es enviar un e-mail con vuestro nombre o nick y vuestro país de residencia a:
c . roswell @ hotmail . com (escrito sin espacios)
Tenéis de tiempo hasta el domingo de la semana que viene (domingo 17 de Octubre). El sorteo se realizará el lunes 18 y anunciaré el ganador en este blog ese mismo día.

¡Suerte!

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¡HE VUELTO!

>> domingo 3 de octubre de 2010

Los que me seguís desde el grupo de Facebook de "Lykaon" ya lo sabréis, pero para los que no, lo digo también por aquí :

Por fin vuelve "Lykaon" :D

Ha sido un largo tiempo sin novedades, tiempo en el que he estado ocupada terminando y corrigiendo mi otra novela, la primera con la que voy a probar suerte en el mundo editorial. Pero ya estoy aquí de nuevo.

A lo largo de esta semana que entra, inauguraré la web oficial de "Lykaon. Memorias de una mujer lobo" y a partir de ese momento todos los nuevos capítulos los iré subiendo allí.
Aunque se trate de una novela "online" no publicada en papel y que escribo simplemente por el gusto de escribir y de ser leída, creía que se merecía un lugar en internet más profesional y con un diseño más acorde con su estilo. Por esta razón he creado la nueva web que podréis ver muy pronto. Espero que os guste :D

Aún así, creo que mantendré el blog para cuando necesite publicar noticias relacionadas con la novela (temas offtopic), o puede que incluso siga subiendo los nuevos capítulos también en el blog además de la web, ya que aunque la web tiene un libro de visitas para dejar mensajes, creo que es más cómodo y rápido dejarlos en el blog.
Pero la web será la página principal de "Lykaon".

Bueno, creo que eso es todo. Sólo quería avisaros de que vuestros licántropos preferidos estarán de vuelta muy pronto ;) Y es muy posible que para celebrar su regreso realice un nuevo concurso como el que ya hice.

¡Estad atentos!

Y muchísimas gracias por vuestra paciencia :)

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Ganador sorteo navideño Asmodee/Lykaon

>> martes 22 de diciembre de 2009

El primer premio del sorteo de Navidad ha correspondido al número: 78294

Por lo tanto, damos la enhorabuena a...

¡Ferdinand!

Que ha resultado ganador del sorteo navideño Asmodee/Lykaon y se lleva a su casa este lote de premios:


¡Felicidades! En breve me pondré en contacto contigo :)

Y a los demás, ¡muchísimas gracias por participar! Aún tengo un par de juegos de Los Hombres Lobo de Castonegro que necesitan dueño así que no os preocupéis que próximamente tendréis nuevas oportunidades de ganar.

¡Felices fiestas y feliz año nuevo por adelantado!

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Participantes del sorteo navideño Asmodee/Lykaon

>> lunes 21 de diciembre de 2009

A las 5 de la tarde de hoy se cumplió el plazo para participar en el sorteo navideño Asmodee/Lykaon del que os hablé hace unos días.

No sé si habrán sido las Navidades, los exámenes, que el premio no es de vuestro interés o que lo dije muy tarde y no os ha dado tiempo, pero son 7 los seguidores del blog que han enviado las respuestas correctas.

La buena noticia es que así tendréis muchas más posibilidades de ganar ;)

Y ahora os dejo con la lista de todos los participantes junto al número con el que participará cada uno. Recordad que el ganador será aquel cuyo número coincida con la última cifra del primer premio del sorteo de Navidad ("El Gordo"), que tendrá lugar mañana, martes 22, por la mañana (había dicho las dos últimas cifras pero como hay menos de 10 participantes lo haré con la última cifra sólo). Y que si ningún número se corresponde con el del primer premio, el ganador será el que coincida con el del segundo (y así sucesivamente hasta que el número de alguno de los participantes salga).

El ganador será contactado por correo electrónico y anunciado aquí en el blog a lo largo del día de mañana.

¡Mucha suerte a todos y gracias por participar!

Lista de participantes y sus números:

- Maria Paula (1)
- hawckers (2)
- Juan Cuquejo (3)
- Ferdinand (4)
- Olga (5)
- Myssa (6)
-Tanhauser (7)

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Offtopic: CONCURSO NAVIDEÑO ASMODEE/LYKAON

>> miércoles 9 de diciembre de 2009

Las fiestas están a la vuelta de la esquina y los licántropos no van a quedarse al margen ;)
Adelantándonos a las fechas que se avecinan os ofrecemos la oportunidad de conseguir vuestros primeros regalos navideños a través de un concurso "licantrópico".

¿El motivo? Agradeceros a todos los seguidores del blog vuestro apoyo a este proyecto y, de paso, sumar adeptos, ¡que con tanto vampiro suelto toda ayuda es poca para los licántropos! :D

Pero vamos a lo más importante:

El premio (o mejor dicho: los premios):


***

Gracias a la compañía Asmodee, líder europeo en distribución de juegos de mesa y cartas collecionables, el ganador se llevará el popular juego "Los Hombres Lobo de Castronegro"

Pero eso no es todo, ya que además del juego, el ganador recibirá un par de regalos extra cortesía de este blog.

Los regalos serán:

- Un ejemplar del libro "El mito del Hombre Lobo" (actualmente descatalogado) que incluye una recopilación de relatos sobre licántropos.

- Dos postales de los dibujos de Christopher y Calliope realizados por la ilustradora Lelia.


Y ahora que conocemos los premios... ¿Qué hay que hacer para participar?

Para participar simplemente tienes que responder a unas sencillas preguntas sobre la historia "Lykaon: Memorias de una mujer-lobo". Las respuestas las encontrarás en los capítulos que he subido hasta ahora así que, como ves, es muy fácil :)

Una vez que tengas las respuestas sólo tienes que hacer dos cosas:
1- Hacerte seguidor de este blog si aún no lo eres.
2- Enviarlas por email a: c.roswell@hotmail.com. (En el email debe aparecer el nick con el que te has hecho seguidor del blog)

Puedes enviar tu respuesta hasta las 5 de la tarde del día 21 de Diciembre (hora española). Ese mismo día publicaré una lista con los nicks de los participantes y el número adjudicado a cada uno. El ganador será aquel cuyo número coincida con las dos últimas cifras del primer premio del sorteo de Navidad que se celebrará el 22 de Diciembre.
En caso de que no coincidieran con ninguno de los números adjudicados, se pasaría a comprobar las dos últimas cifras del segundo premio y así sucesivamente.

Aclaración: El concurso es para todos los seguidores del blog, tanto para los lectores de España como para los de otros países. Puedes participar seas del país que seas :)

Y ahora las PREGUNTAS:
1) ¿Cúal es el apellido de Christopher?
2) Durante su visita a la sede de las Naciones Unidas, Calliope contempla una campana. ¿En qué año y con qué se fabricó?
3) ¿Quién pintó el mural que podemos encontrar en el Salón del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de Nueva York?
4) ¿En qué ciudad ha vivido Callie la mayor parte de su vida?
5) ¿Qué le ocurre a un licántropo si su amaroq muere?

¡Suerte a todos!

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Capítulo tercero (Parte XI)

>> martes 8 de diciembre de 2009

Calliope decidió tomarse unos instantes para descansar y olvidar, aunque fuera durante unos minutos, todo lo acontecido durante esa mañana. Christopher estaba con los amaroq y los tres necesitaban reponer fuerzas así que no la echaría en falta hasta pasado un buen rato.

Tras cerrar desde el interior la puerta de entrada y asegurarse de que no había forma de abrirla, la mujer se encaminó a prepararse un baño caliente.
Abrió el grifo y mientras esperaba que la bañera se llenara se desvistió a la vez que se miraba al espejo pensativa. Se preguntaba quién había podido dejar salir a los amaroq y por qué razón, aunque por su mente maquiavélica ya circulaban varias ideas de lo que podía haber ocurrido. Nunca se había caracterizado por su ingenuidad, y puesto que desde pequeña había aprendido a urdir tramas, a buscar mil maneras de aprovecharse de las personas y las situaciones que le rodeaban para usarlas en su beneficio, también estaba acostumbrada a esperar lo inesperado y se le daba bien adivinar las intenciones de la gente. Su mente enrevesada le hacía sencillo desenmarañar las de los demás.

Cepilló su pelo mientras separaba mentalmente las posibilidades, con la mirada perdida en su reflejo al otro lado del espejo, y a continuación comprobó la temperatura del agua y se sumergió en la bañera recostándose en su interior.

Había dos opciones. Una era que todo hubiera sido un accidente, que por la razón que fuera, el mecanismo de apertura de la puerta hubiera fallado y ésta se hubiera abierto sola.
La otra era que alguien la hubiera abierto. Y la razón le parecía obvia: exponerles tanto a ella como a Christopher para deshacerse de ellos o conseguir algo de uno o de ambos.

Calliope sumergió la cabeza en el agua y volvió a sacarla unos segundos después. Abrió los ojos y fijó la mirada en el techo mientras apoyaba la nuca en el borde de la bañera.

Aún no había tenido tiempo de hablar con Christopher sobre lo sucedido en la sesión de las Naciones Unidas, así que no sabía qué le habían dicho. Ignoraba qué era exactamente lo que querían de él, pero algo le decía que aquello y lo de los amaroq estaba relacionado.
La mujer sabía que Christopher tenía como mínimo un "enemigo" en el Ejército, que había dejado su trabajo allí por divergencia de opiniones con aquel, pero también sabía que con su partida probablemente había perdido más el Ejército que él mismo. Si tenían en sus manos la posibilidad de tenerle con ellos de nuevo o apartarlo de su camino del todo, estaba segura de que la aprovecharían, y Calliope sabía que la situación de los licántropos, como Christopher se aseguraba de recordarle constantemente, no era muy halagüeña. Podían usar aquello en su contra.

Cerró los ojos y se permitió dejar su mente en blanco durante unos minutos para desconectar por completo. Media hora después salió del baño con energías renovadas y, tras vestirse y guardar en una mochila algo de ropa extra y comida para compartir con Christopher, abandonó el apartamento y bajó de nuevo al hall en el ascensor.

Una vez allí dirigió la mirada hacia el mostrador, donde el vigilante conversaba con una pareja de mediana edad, seguramente inquilinos del edificio, y comprobó que aquel la miraba de reojo sin interrumpir su conversación.
Apartó la vista sin dejar de caminar hacia la puerta, decidida a salir de allí cuanto antes. Pero cuando la pareja se alejó y comprobó que el vigilante iba a acercarse a ella cambió de idea y optó por aprovechar la situación e intentar averiguar lo que le fuera posible.
Así pues dio media vuelta y, para sorpresa del hombre, se dirigió directamente hacia él. Éste entreabrió los labios para decir algo pero Calliope se le adelantó.

- Disculpe... necesito su ayuda, por favor- susurró en el tono más educado que pudo conseguir. Para ella usar en la misma frase una disculpa y una petición de ayuda ya requería de por sí cierto esfuerzo.

El hombre le miró extrañado, pero cuando la mujer esbozó su mejor sonrisa no pudo evitar responderle con otra similar.

- Sí, claro... ¿En qué puedo ayudarla?

- Pues verá... Resulta que no estoy muy acostumbrada a esto de las cerraduras con tarjeta... Ya sabe, lo mío son más las llaves metálicas de toda la vida- sonrió con fingida timidez- En las montañas no estamos acostumbrados a tanta tecnología y lo más sofisticado que conozco es el candado...- bajó la mirada sonriendo para sí al captar su expresión compasiva.- El caso es que... soy un desastre y no sé dónde he dejado esa tarjeta... desde luego encima no la llevo- añadió palpando los bolsillos de sus pantalones. Luego volvió a mirarle a los ojos- ¿Qué se hace en estos casos? Porque no creo que llamen al cerrajero...- sonrió de nuevo y el hombre le devolvió la sonrisa por segunda vez, aunque realmente no había desaparecido de su rostro.

- Bueno, por ese motivo es por el que nos aseguramos de dar dos copias a todos los inquilinos. Creo que usted se encuentra alojada con otra persona, ¿no? Seguramente lleve la otra copia.

- Ya, supongo que sí... Lo que pasa es que no sé cuando volverá. ¿Tengo que quedarme tirada en la calle hasta entonces?

- Pues me temo que sí... Cuando se trata de los propietarios del piso podemos simplemente hacerles una nueva llave, pero al ser una inquilina provisional no puedo hacer nada hasta que su compañero regrese y me confirme que tampoco tiene la otra copia.

Calliope suspiró y puso los ojos en blanco como si la respuesta le disgustara. Luego respiró hondo fingiendo aceptarla.

- De acuerdo... ¿Pero y si él tampoco la tiene?

- En ese caso me pondría en contacto con el propietario del piso y me encargaría de facilitarles el acceso al apartamento desde el ordenador y procurarles una nueva llave.

La mujer intentó ocultar su reacción al oír eso último.

- Ah. ¿Entonces puede abrir la puerta desde aquí? ¿Sin más?- preguntó intentando no mostrar un excesivo interés.

- Sí claro, no se preocupe. Ventajas de dominar la tecnología- comentó con una sonrisa de suficiencia.

Calliope asintió sonriendo sin mucho interés, con esa información tenía suficiente para respaldar algunas de sus sospechas.

- Vale... Entonces será mejor que vaya a darme una vuelta y haga tiempo hasta que vuelva mi amigo. Disculpe las molestias.

Con una última sonrisa de compromiso y sin esperar respuesta, abandonó el edificio y fue a reunirse con Christopher, tenían mucho de qué hablar...

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Capítulo tercero (Parte X)

>> lunes 2 de noviembre de 2009

Volver a separarse de su amaroq y de Christopher era lo último que Calliope quería en esos momentos.
Había sido un día largo, terriblemente largo. Y lo malo era que aún no había acabado, por lo que todavía podía empeorar más.

Mientras caminaba de vuelta al ático, Calliope iba pensando en todo lo que había ocurrido en el transcurso de esas escasas horas. El encontronazo con el único licántropo que había visto desde hacía años (sin contar a Christopher), la posterior huída de la sede de las Naciones Unidas y el breve "incidente" con aquellas chicas... Y luego lo de Central Park.

Quería marcharse de Nueva York de una vez. Regresar a su hogar, a Alaska, a la seguridad de su casa y los bosques, con su familia.
Cuando Christopher le pidió que le acompañara a la Gran Manzana, ella aceptó de inmediato. La idea de un viaje a la gran ciudad, a solas con él, le había encantado. En el fondo, bajo sus mil corazas, residía una Calliope que había buscado lo mismo que muchas jóvenes de su edad: tener a alguien a su lado para quien lo fuera todo... y pasar unos días de vacaciones en la conocida Nueva York, disfrutando de todas las cosas que una ciudad como esa tenía que ofrecerle.

Sin embargo, ahora todo había cambiado y ya no le resultaba en absoluto divertido. Se le había prohibido cazar, habían puesto en peligro a su amaroq y, por si todo eso no hubiera sido suficiente, todavía quedaba lo peor: la maldita luna llena, de la que únicamente le separaba un día. Un solo día...

La Luna... Era un sentimiento de amor-odio el que profesaba a ese satélite. Podía quedarse horas observándola de noche, en la oscuridad de los bosques, cuando aún estaba en sus fases creciente o menguante. Ejercía un influjo completamente hipnotizador sobre ella. Incluso la añoraba cuando estaba aparentemente ausente. Sin embargo, esa misma Luna que la enamoraba tenía también la capacidad de sacar lo peor de su interior, de remover su sangre como si estuviera dentro de una olla hirviendo, de desparramar su adrenalina a borbotones por todo su cuerpo.
Durante las mañanas de los días cercanos a la luna llena todo resultaba algo más llevadero, pero conforme se acercaba la noche era como si todos los fluidos de su cuerpo entraran en estado de ebullición. Algo por dentro se revolvía y luchaba por salir fuera. De repente se sentía llena de energía, una energía que amenazaba con desbordarse si no era consumida. Y necesitaba quemarla de inmediato.
Eso era relativamente sencillo cuando se encontraba rodeada de hectáreas y hectáreas de bosque y montañas inhabitadas, disponibles para recorrer a su antojo. Era bastante fácil cuando contaba con ríos de abundante agua fría y fuertes corrientes en las que sumergirse y nadar alejada de cualquier rastro de civilización. De sus presas.

¿Pero cómo huir de la pesadilla en la ciudad que nunca duerme, donde saciar ese instinto predador, esas ansias de actividad, de caza, no requería más que salir a la calle a cualquier hora del día y acechar o limitarse a esperar a que la caza llegue?

De camino hacia el ático, Calliope miraba a la gente que andaba junto a ella y sólo podía pensar en una cosa. Tenía ganas de abrirse paso a empujones, sentía deseos de que alguien se enfrentara a ella, que cualquiera le diera una sola razón para liberar ese fuego que le abrasaba las entrañas. Cuando alguien pasó corriendo a su lado tuvo que reprimir las ganas de salir tras él y derribarle contra el suelo. Se obligó a pegar su cuerpo a una pared y cerrar los ojos durante unos instantes mientras se tranquilizaba y recuperaba el control.

- Esto es horrible...- murmuró.

Necesitaba a Christopher a su lado con urgencia. Sólo él lograba calmarla cuando su resistencia amenazaba con derrumbarse. En aquellos momentos, únicamente la sensación de sus robustos brazos aprisionando su cuerpo lograba relajarla. Sólo ese abrazo que se le asimilaba al de un gran oso pardo, el único rival natural que los licántropos podían encontrar en toda Norteamérica, era capaz de contenerla.
En las ocasiones en las que perdía el control, Christopher solía mantenerla contra su pecho, inmovilizándola por completo hasta que todo pasaba y volvía a ser ella misma, o por lo menos, la parte menos violenta de ella. La fuerza del hombre era mucho mayor y por más que luchara por desasirse de sus brazos le resultaba totalmente imposible, así que siempre solía acabar rindiéndose exhausta. Sólo así recuperaba la calma.

Pero ahora él no estaba cerca, así que iba a tener que apelar a su escasa fuerza de voluntad para mantener el control.

Se tomó unos segundos más, apoyada contra el muro de un edificio a medio camino entre el lugar donde se había quedado Christopher y el ático, y cuando se sintió con fuerzas para continuar, siguió caminando.
Había decidido callejear nuevamente para evitar las multitudes de la vía principal, y seguía una calle paralela a la de la 5ª Avenida. Cuando tuvo que retomarla de nuevo para cruzar hacia el edificio del ático, dirigió una rápida mirada hacia Central Park. En la entrada, la muchedumbre ya se había disipado y tampoco veía ni oía coches de policía cerca. Dudaba que hubieran cancelado la búsqueda pero por lo menos ésta parecía haberse trasladado lejos de donde residían, lo cual la tranquilizaba. Con suerte nadie habría visto salir de allí a los lobos.

Cuando llegó al edificio entró en el hall y se dirigió directamente hacia uno de los ascensores, ignorando por completo al vigilante que controlaba el acceso al recinto. Éste se encontraba sentado en una silla situada tras un mostrador sobre el que se extendían cuatro pantallas. A través de ellas y gracias a las cámaras, controlaba los pasillos del edificio, el ático y el parking subterráneo.
El hombre se encontraba leyendo el periódico cuando Calliope cruzó la puerta, pero levantó la mirada al verla entrar y no la apartó de ella. La mujer notó los ojos del vigilante fijos en su nuca, pero le ignoró para no darle pie a entablar ningún dialogo. ¿Habría visto algo? Esperaba que no pero si no decía nada no tendría forma de saberlo.

De reojo, pudo ver cómo el hombre se levantaba. Sabía que su mirada seguía fija en ella así que cuando las puertas del ascensor se abrieron, se precipitó hacia el interior y apretó el botón de su piso repetidamente mientras suplicaba en un susurro que la puerta se cerrara antes de que el hombre llegara hasta allí. Afortunadamente, las puertas se cerraron a tiempo y al poco Callie se encontró caminando por el pasillo de su piso.
Enseguida localizó la cámara que vigilaba esa zona. Decidió ignorarla para no levantar más sospechas en caso de que aquel hombre ya hubiera visto algo, y caminó con normalidad hasta la puerta del ático, esperando encontrársela hecha trizas... Sin embargo, no fue así.

La puerta parecía encontrarse en perfectas condiciones, y cuando introdujo la tarjeta en la cerradura automática y entró en el piso comprobó que por el otro lado el aspecto de la puerta sólo era un poco peor. Por la parte interior estaba llena de arañazos de las garras de los amaroq, tal y como había supuesto, pero exceptuando eso, la entrada tenía un aspecto aceptable. Ni la cerradura estaba rota, ni la puerta presentaba serios daños. No parecía que los animales hubieran salido por ahí.
Entró para comprobar el estado del resto de la casa, pero a parte de un par de sillas volcadas, todo se encontraba como lo habían dejado al salir. Se acercó a examinar los cristales de las ventanas pero éstos tampoco habían sufrido daño alguno.
No había ninguna otra manera de salir de aquel piso a parte de la puerta, y sin romperla, la única forma de cruzarla era abriéndola desde dentro o fuera con la tarjeta electrónica.
Era consciente de la extrema inteligencia de los amaroq, pero aún habiendo tenido la tarjeta en su poder, algo totalmente imposible ya que sólo había dos copias y las tenían Christopher y ella, estaba segura de que los animales no habrían sido capaces de usarla para abrir la cerradura.

Calliope llegó a dos conclusiones: o bien se habían dejado la puerta abierta, o bien alguien la había abierto desde fuera.
Lo primero, aunque poco probable, podría haber pasado si no fuera porque la puerta se abría hacia el interior y si hubiera estado abierta, los mismos amaroq la habrían cerrado accidentalmente al golpearla para intentar salir.
Por lo tanto, sólo quedaba una opción: alguien tenía que haber abierto la puerta y haberles dejado salir.
¿Pero quién y por qué?

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Capítulo tercero (Parte IX)

>> miércoles 14 de octubre de 2009

Los policías no les retuvieron durante mucho tiempo.
Una de las cosas que Calliope más admiraba de Christopher era su dialéctica. Estaba convencida de que si hubiera sido la encargada de dialogar con los agentes, en aquellos momentos tanto ella como su compañero estarían en una celda de la comisaría más cercana. Sin embargo, gracias a él- una vez más- la charla con los dos policías no les había llevado más de unos minutos, y tras ella habían podido ir a reunirse con los amaroq.

En el camino hacia Harlem tuvieron que callejear un poco, ya que varios coches de policía seguían patrullando la zona en busca de los lobos "fugados", pero pronto estuvieron junto a los animales nuevamente.
Calliope se arrodilló y abrazó con fuerza a su amaroq, que yacía aún en el suelo medio aturdido. Christopher le había informado de lo del dardo sedante para que no se preocupara al verlo así. Pese a todo, el lobo le devolvió el gesto lamiendo su cara con insistencia repetidas veces.

- Cómo te he echado de menos... Parece que hubieran pasado siglos desde esta mañana- le susurró al animal- Estaba tan preocupada...- pegó la mejilla al cuello del lobo hundiéndola entre su pelo con los ojos cerrados, mientras mantenía sus brazos alrededor de él.

El amaroq de Christopher, por su parte, le recibió golpeándole la mano con el hocico para que le acariciara. Cuando lo hizo se levantó sobre las patas traseras y alcanzó a lamer su mejilla. El hombre sonrió.

- Sí... yo a ti también te he echado de menos. Has hecho un buen trabajo- le felicitó rascándole tras las orejas.

Calliope les miró mientras peinaba el pelo de su amaroq con los dedos.

- ¿Qué vamos a hacer ahora?- le preguntó.

Christopher empujó al animal suavemente para obligarle a bajar al suelo y se sentó frente a ella con la espalda apoyada contra la pared.

- Las patrullas les buscan. Estarán recorriendo la zona durante todo el día intentando dar con ellos, así que no podemos regresar al ático.

- Bueno, esperaremos a mañana...

- Mañana tampoco, Callie. Cuando llegamos tuvimos suerte, era de madrugada y pudimos aprovechar la oscuridad y la relativa soledad de las calles para introducirlos en el edificio, pero ahora que media ciudad les ha visto en directo y la otra media los verá en las noticias, no podemos arriesgarnos a volver allí. No sólo les reconocerían si no que los relacionarían con nosotros.

- ¿Y qué propones? ¿Que nos quedemos encerrados en este agujero hasta que volvamos a Alaska?- pasó el dedo por encima de una de las cajas que se apilaban junto a ella y éste abrió un camino entre el polvo acumulado- Esto es un antro, puedo aceptar tener que quedarme unas horas pero me niego a pasar la noche aquí.

Christopher respiró hondo, lo único que deseaba en esos momentos era tumbarse y descansar un rato, donde fuera. La transmigración suponía un gran esfuerzo, mayor cuanto más tiempo se practicaba. No tenía ni fuerzas ni ganas de discutir de nuevo con ella. Si le obligaba a hacerlo no iba a ser nada agradable para ninguno, especialmente para la mujer.

- Calliope Conway, puedes pasar el día y la noche donde quieras: en este "antro", fuera, en mitad del puente de Brooklyn... Donde te apetezca. Yo voy a quedarme aquí. No me atrevo a dejar a los amaroq solos de nuevo- respondió en un tono suave pero tajante.

Aquella respuesta, totalmente inesperada para ella, la desconcertó y enmudeció. Se esperaba que le reprochara algo, que discutiera, que le ofreciera otra alternativa mejor... pero no que la ignorara así.

- Necesito descansar un poco...- añadió el hombre, también sorprendido por la falta de réplica de Calliope- Si quieres, ve al ático y asegúrate de que todo esté bien. Si lograron salir por la fuerza la puerta debe estar destrozada. Ve y averigua si es así y si alguien los vio salir, luego recoge lo que podamos necesitar para el resto del día y esta noche. Ya veremos qué hacemos mañana. ¿De acuerdo?

Ella asintió y Christopher cruzó los brazos sobre su pecho y echó la cabeza hacia atrás, apoyándola contra la pared mientras cerraba los ojos.
Calliope suspiró y se sentó a su lado. Sabía que transmigrar agotaba porque ella misma lo había comprobado varias veces, pero notaba que había algo más. Podía sentir que su compañero estaba preocupado, demasiado preocupado, y sabía que las cosas debían ir extremadamente mal para que algo pudiera afectarle tanto.

- ¿Tan mal fue la Sesión del Consejo...?- le preguntó suavemente, casi en un susurro.

- Habría podido ir peor, pero Harris lo tenía todo bien perfilado para ganarse los votos. Fue una encerrona. Logré sortearla pero no va a rendirse y menos aún tras lo que acaba de ocurrir en Central Park...- suspiró negando levemente con la cabeza- Me temo que le hemos puesto en bandeja la victoria, nena...

Calliope no conocía al Coronel Harris en persona, pero le había visto en fotos y Christopher le había hablado tanto de él que compartía su mismo odio. Podría decirse que era uno de los nombres que encabezaba su lista negra.

- Y por si fuera poco, nos han invitado a una fiesta pasado mañana por la noche. No podemos faltar- continuó.

La mujer enarcó las cejas sorprendida.

- ¡¿La noche del plenilunio?!

Christopher asintió.

- Pero no puedo... Sabes que no puedo...

El hombre abrió los ojos y los fijó en los suyos.

- Podrás. Lo lograremos ¿De acuerdo? Estaré contigo en todo momento. No dejaré que pase lo de la última vez. Conseguirás controlarlo.- la cogió de la mano apretándosela con firmeza.- Sé que puedes hacerlo. Siempre y cuando quieras, podrás.

Calliope asintió pero no estaba nada segura. En realidad, estaba convencida de que no lo conseguiría. Y esa vez no sería como la última, no habría cuerdas que la retuvieran ni muros que la separaran del resto del mundo. Estaría entre ellos, los humanos...

Eso no iba a ser ninguna fiesta, iba a ser una carnicería. Pensó.

- Voy a lo del ático antes de que se haga más tarde...

Christopher le mantuvo la mirada unos instantes, luchando por ignorar lo que había percibido en su rostro, aquella confirmación de que aceptando acudir a aquella fiesta les había condenado a ambos y por extensión al resto de su raza. Pero finalmente asintió.

- Ten cuidado...

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